Desde el principio de la historia en África, ésta se ha caracterizados por los destrozos y peleas provenientes desde fuera. Se ha tomado posesión, se ha gobernado y utilizado como un objeto que vale bien utilizar para luego desechar. Las vidas humanas incluso han sido despreciadas y desvalorizadas por ser considerada como inferiores, tan sólo por no pertenecer al mundo global de desarrollo en que se encontraban los países como los europeos. Todo esto es resumible en la esclavización que debieron vivir gran parte de sus habitantes durante un largo periodo, significando uno de los más grandes problemas para la vida del continente, donde eran empaquetados y vendidos por mayor, según la conveniencia de su exportador. Sin embargo este no ha sido el único problema al que se ha visto enfrentado el continente, si bien es uno de las más notables y recordados mundialmente, su trágica historia está manchada con diversas aristas.
Los intereses europeos en el continente se remontan a la búsqueda de rutas comerciales que les permitiese conectar con la India, importante canal de comercio de la época. Por tanto África figuraba como la mejor opción para estas necesarias rutas comerciales. Sin embargo, en 1942, Cristóbal Colón hace un importante descubrimiento que deja al continente fuera de las nuevas rutas para el comercio y por un largo periodo fuera del ojo abusador del poderoso.
A pesar de todo, este nuevo destino que lleva al mundo a nuevos horizontes y logra dejar a África fuera del interés de estos desconsiderados y sedientos países, también significó la creación de una importante sociedad esclavista, ´debido a la necesidad de mano de obra que malogró la visión de los hombres de raza negra durante mucho tiempo.
A fines del siglo XIX, la situación de África cambia rotundamente, si bien la situación esclavista había mejorado en muchos aspectos gracias a los alzamientos y luchas por su libertad, no todo había terminado. Una gran depresión económica ha afectado a los países europeos, motivo que redirigió las miradas a este continente virgen colmado de riquezas naturales, y materias primas necesarias para el sustento del capitalismo y la revolución industrial. Realidad actual del continente europeo que ve a África con ojos de depravación como un territorio que puede remediar la situación angustiosa a la que se han visto enfrentados. Materias primas a bajo costo, es el lema que motiva a estos países a conquistar el territorio. Por tanto se conforma nuevos imperios que a diferencia de los antiguos que buscan extender sus territorios y explotarlos para la corona, esta nueva formación sólo tiene en mente el crudo objetivo de explotar las tierras y llevarse todo lo servible y de utilidad para comercializarlo.
Intereses egoístas que llevan al continente a su deterioro, casi imposible de detener. Los países se pelean por un trozo de África como perros por un pedazo de carne. Destrozan el continente en territorios de influenza, postulados en la Conferencia de Berlín, donde participaron catorce países europeos y EEUU, para las futuras ocupaciones.
Estas invasiones se han caracterizado por ser extremadamente rápidas, ya en 21 años casi toda África estaba en posesión de los europeos, sus asentamientos, su cultura, sus tradiciones estaban propagadas por el continente como un cáncer se extiende sin consideraciones por el cuerpo humano. Las culturas y tradiciones indígenas se vieron prontamente olvidadas por los nativos del lugar, obligados a adoptar estas extrañas y dominantes costumbres extranjeras. Las invasiones no cambiaron sólo geográficamente el continente, sino que trajo consigo un importante impacto a la civilización indígena como se conocía antes de sus colonizaciones.
África ha perdido desde lo largo de la historia, recibiendo una y otra vez el impacto egoísta de aquellos que se creen con derecho sobre sus tierras y habitantes. Hoy en día no queda más que contar trágicas realidades como el hambre que afecta a gran parte del continente, por motivos humanos como naturales, entre los que se pueden mencionar la mala administración política de los territorios por causa de la grave corrupción que contamina el alma de los líderes, y la escasez de terreno fértil para alimentar a la sobre poblada población africana.
La explotación de las personas con intereses personales ha sido y seguirá siendo parte de la historia de África, como es el crudo caso del tráfico de diamantes, que mantiene a una gran cantidad de africanos; niños, adultos y ancianos sin discriminar, enclaustrados en minas buscando piedras preciosas para intereses militares y políticos ajenos, como el de comprar armamentos para continuar las guerras civiles que afecta a gran parte del lugar.
Somalia es un claro ejemplo de esto, quien estuvo 21 años en conflictos y peleas civiles dejando tras de sí un imborrable número de muertos y víctimas que muchas veces ni siquiera están de acuerdo con estas conductas, retrogradas y desconsideradas.
Esto no es más que una historia de depravación y abuso, que comete el más fuerte contra el débil. Sin embargo y a pesar de todo nunca se debe olvidar, como lo hicieron estos países que el simple poder no te da derecho de aplastar y aprovecharte de quien no puede defenderse. Principio fundamental que nos califica como personas y sobre todo en conjunto, como nación. La historia no debe mancharse de sangre por la sed avara y aprovechada de quienes lo pueden hacer. Evitar estas circunstancias es deber de todos, nadie queda exento a esta realidad que nos involucra a todos en la realidad mundial.
lunes, 1 de junio de 2009
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